Berenice Araceli Granados Vázquez
Universidad Nacional Autónoma de México
https://orcid.org/0000-0001-8915-314X
RESUMEN
Este texto deriva del trabajo de campo realizado en la zona lacustre michoacana para documentar tradiciones orales. Trata sobre un tema recurrente: la acúmara, un pez endémico que emana del Tzirate, uno de los cerros que rodean el lago de Pátzcuaro. Aquí se ponen en relación una serie de materiales orales con fuentes prehispánicas y coloniales, que provienen particularmente del centro del área cultural denominada Mesoamérica, para indagar sobre el significado del cerro y el pez entre los pueblos p’urhepecha de la zona lacustre y proponer al Tzirate como una de las proyecciones del Monte Sagrado mesoamericano.
PALABRAS CLAVE
tradición oral p’urhepecha; mito; Monte Sagrado; acúmara; Tzirate
ABSTRACT
This text is the result of field work carried out in the lake area of Michoacán to document oral traditions. It discusses a recurring theme: the acúmara, an endemic fish from the Tzirate, one of the hills that surround Lake Pátzcuaro. Here a series of oral materials are related to pre-Hispanic and colonial sources, which largely come from the centre of the cultural area called Mesoamerica, to investigate the meaning of the hill and the fish among the P’urhepecha peoples of the lake area and suggest that Tzirate is one of the projections of the sacred Mesoamerican Mount.
KEYWORDS
P’urhepecha oral tradition; myth; Sacred Mount; acúmara; Tzirate
RESUM
Aquest text deriva del treball de camp dut a terme a la zona lacustre de Michoacán per documentar tradicions orals. Tracta sobre un tema recurrent: l’acúmara, un peix endèmic que emana del Tzirate, un dels turons que envolten el llac de Pátzcuaro. Aquí es posen en relació una sèrie de materials orals amb fonts prehispàniques i colonials que provenen particularment del centre de l’àrea cultural anomenada Mesoamèrica, per indagar sobre el significat del turó i el peix entre els pobles purépetxes de la zona lacustre i proposar, en aquest article, el Tzirate com una de les projeccions de la muntanya sagrada mesoamericana.
PARAULES CLAU
tradició oral purépetxa; mite; muntanya sagrada; acúmara; Tzirate
REBUT: 28/11/2023 | ACCEPTAT: 08/02/2024
El siguiente artículo deriva de las entrevistas del trabajo de campo llevado a cabo entre los años 2013 y 2017, para sondear relatos y temas nucleares colectivos2 como parte del proyecto «Materiales orales de la zona lacustre michoacana: documentación, procesamiento y análisis», coordinado por Santiago Cortés y por mí. Trata sobre una serie de narrativas en torno a un tema que se repite una y otra vez en la zona del lago de Párzcuaro: un cerro del que emanan peces.
En este texto pondré en relación los materiales orales3 recopilados por el equipo de investigación que conformó el proyecto con fuentes documentales prehispánicas y coloniales que provienen, particularmente, del centro del área cultural denominada Mesoamérica, para indagar sobre el significado del cerro y del pez entre los pueblos p’urhepecha de este sitio.4 Tomo como base de esta propuesta dos situaciones: por un lado, el hecho de que los primeros pobladores de la zona son ancestros innegables de los habitantes actuales —se establecieron en un pasado remoto y crearon un vínculo ineludible con su entorno—;y, por otro, que los pueblos lacustres en los que se documentaron los relatos se encuentran dentro de esta área cultural.
La metodología de trabajo que utilizo en esta propuesta es ampliamente conocida; de hecho, sigo los pasos de grandes estudiosos de Mesoamérica —principalmente historiadores y antropólogos— como Alfredo López Austin, Leonardo López Luján, Johanna Broda, Félix Báez Jorge, Jacques Gallinier, Beatriz Albores, Julio Glockner, Patricia Gallardo, Antonio García de León, Ligia Rivera Domínguez, Michel Graulich, Guilhem Olivier y Alicia Barabas, entre otros. Reconozco como antecedente principal de este artículo el riguroso trabajo de López Austin y López Luján, Monte Sagrado-Templo mayor: el cerro y la pirámide en la tradición religiosa mesoamericana. A pesar de que la montaña sagrada constituye un tema de carácter universal, pues se trata —siguiendo a Mircea Eliade— de un axis mundi, en estas líneas lo abordaré de forma acotada y lo limitaré a la tradición mesoamericana. Destaco en el siguiente artículo los relatos recopilados durante el trabajo de campo que funcionan como actualizaciones del mito, particularmente en Occidente, entre los p’urhepecha.5
En la parte oriental de la ciudad de Morelia, Michoacán,6 capital del estado de Michoacán, se localiza el cerro Tzirate, una formación geológica que destaca por su altura y su peculiar forma puntiaguda. Su pico se encuentra a unos 20 kilómetros del lago de Pátzcuaro y es el más alto de la región. Está, concretamente, a 3340 metros sobre el nivel del mar. Pertenece al Eje Volcánico Transversal y es visible desde todas las comunidades ribereñas e isleñas. Está ubicado en la población de Santa Fe de la Laguna, municipio de Quiroga.7 Esta zona ha sido históricamente habitada por los p’urhepecha, de ahí que el nombre Tzirate provenga del sustantivo ts’irari, «el frío».8 Este cerro es parte del territorio9 de los pueblos de la zona lacustre, se trata de un paisaje10 construido desde la cosmovisión de los pueblos como parte de su vida cotidiana y ritual. La gente de Santa Fe de la Laguna, por ejemplo, obtiene de sus laderas madera y leña para cocinar, y para elaborar piezas de alfarería; en el cerro, además, se realizan actividades de caza de conejos, liebres, ardillas y otros animales, así como actividades de recolección de plantas, hongos, semillas, flores, frutos e insectos que se utilizan como alimento o como objeto ritual durante sus celebraciones.11
El vínculo de los pueblos con el espacio que habitan es fuerte y estable. Sabemos, gracias a los estudios palinológicos practicados a los sedimentos lacustres, que la presencia humana en la zona data de hace más de 5 000 años.12 En el fondo del lago de Pátzcuaro hay restos de granos de polen de Zea mays, planta domesticada cuya existencia implica actividad agrícola: el maíz, en muchos de los mitos mesoamericanos, es el alimento fundamental del hombre. En esta zona, particularmente —junto al maíz— el pescado tiene un papel protagónico en la dieta cotidiana. En los pueblos, la gente practica la pesca para llevar comida a casa. Es una actividad aprendida y transmitida de generación en generación, tal como lo dijo Gil Gabriel en Pacanda: «No, yo, k’uiriperaska, sapirhatku úntani jámani uarhoni. Ka ampe enka ji uékapirinka ji úni, chichorru, jo cosas. No imani tátsikua jatsimani cheremikuarhu ka ima iámintu ampe».13 El arte de la pesca es una forma de relacionarse con el lago y de beneficiarse de él, a partir del trazo de espacios de trabajo y de límites territoriales, y de la observación de los ciclos temporales de las diferentes especies de peces que lo habitan: el charal, la trucha, la mojarra, la carpa, la acúmara, el achoque14 y el pescado blanco, este último bendecido por la Virgen porque dicen que «tiene su imagen en la cabeza».15
Es justo uno de estos peces el protagonista de un relato de larga raigambre y de este artículo. La acúmara (Algansea Lacustris) es un pez endémico del lago de Pátzcuaro. En la tradición oral aparece como una forma de encanto que año con año sale (o mejor dicho salía) del Tzirate, cuando un relámpago la libera y hace temblar la tierra. Después, baja del cerro y se arremolina en la orilla del lago. Los pescadores se la llevan a sus casas y se la comen en familia.16 Así lo narró don Fidel Ramos Jerónimo, en Tzintzuntzan.17
Estaba un agujero asina donde se metían los pescados, y venían a salir aquí a la laguna. Que en el tiempo ya de ahorita de febrero que se empezaba a salir ese pescado que le llamaban acúmara, pero cantidad de pescado.
Pero sí me decía mi abuelito que cuando iba a salir la acúmara había un relámpago y que eran señas de que a los dos tres días ya había pescado. Eso me contaba, digo:
–Yo fui a ver esa lagunita que está allí y ahí asiste el pescado.
Bueno, pues yo nomás oí pues lo que me contaba, ¡hijo e la mañana!, y ya me dice:
–Anda rondando el pescao.
Luego está como un agujero y ahí se pierde y sale más y ahí se pierde. Sí, por eso cuando va a salir el pescado ya hay harta acúmara para acá. Ya son hartos peces, así por rollos salen esos pescados, salían.
En el cerro se encuentra una «lagunita que está allí y ahí asiste el pescado». En esta versión se menciona al relámpago como un agente que posibilita la aparición del pez. El cerro es el contenedor de la acúmara. Era tal su sabor que la gente se peleaba por llevarla a su mesa, por eso, en algunas de las versiones que se escuchan en la zona, Dios decide hacerla desaparecer, tal como lo relató Gregorio Campos «Hijo», en Pacanda.18
La fecha de salir de esa especie era el 20 de enero, cuando dice que allá, en el cerro del Tzirate, se formaba una nube y de repente tronaba el relámpago. Y era cuando se abría la tierra y se expandía demasiado esa especie. Nomás que esa especie es muy codiciado. Hoy en la actualidad si se dieran cuenta dónde está saliendo, la misma gente llega hasta pelearse por esa especie, se han llegado a pelear. Bueno, pues por naturaleza, y Dios mismo hace que esa especie mejor desaparezca, o igual no sé dónde se esconda, pero se esconde.
Allí unos dicen que está en el cerro del Tzirate, hay una cueva subterránea; otros hablan de acá donde está esta montaña del Ucasanástacua.19 Supuestamente por ahí quisieron hacer una investigación, cuando quisieron poner una planta nuclear allá en Santa Fe. Dice que vinieron unos buzos y se sumergieron, anduvieron hasta esa parte, y dice que allí encontraron como una cueva también: entraron y realmente ahí se les pareció, como quien dice, el hombre pez. Y les dijo:
–Aquí mejor ni le busquen, ni anden buscándole, porque si no, vayan...
Aquí lo que sí se les había encomendado de que tenían que llevar la información, por eso llevaron la información, y dice:
–No queremos saber más de este lago.
Pero que ahí vieron bastante especie. Ya ven, acá en la falda de esta montaña hay como un pequeño pantano y también hay agua allá arriba. Lo mismo podemos hablar de allá del cerro del Tzirate también. Pero ese es, ya orita, nada más como pura leyenda, que si llegaran a ver en el momento cuando brota esa especie, pues eso no a cualquiera le toca, también es un pequeño encanto. Sí, sí es un pequeño encanto, lo que es la acúmara.
Este relato aporta información relevante, además del motivo de la apertura del cerro a partir de la acción de un relámpago cada 20 de enero: la aparición de un hombre pez que funge como guardián de la laguna que se localiza en el cerro. Así también, es Dios mismo quien interviene para que la gente no pelee. A partir de estos elementos, pareciera que el Tzirate y la acúmara estuvieran vinculados al ámbito de lo numinoso. Sin perder de vista al cerro, al pez, al guardián y al rayo, a partir de estos relatos, comenzaré a rastrear información y a establecer paralelos sobre los cerros sagrados en las fuentes mesoamericanas.
Para una mejor interpretación habría que aclarar algunas cuestiones relativas a la organización del cosmos entre los pueblos mesoamericanos.
Para los p’urhepecha el espacio cósmico está dividido en tres zonas: Auanta, el cielo o espacio celestial; la tierra o mundo de los hombres, parhaquahpeni; y el inframundo o el mundo en el que viven los muertos, el Uarichoo, donde mantienen una vida similar a la que llevan aquí. A este sitio se puede acceder a través de cerros, cuevas, sepulturas y cuerpos de agua. Los datos recopilados en trabajo de campo permiten recrear esta particular morada de los muertos en el inframundo: es un sitio lleno de riquezas donde abundan las semillas y los peces y se dice que está habitado por «el Chango», el Diablo o «la Uarikua», una de las formas en las que se presenta la muerte. Con ambos personajes se puede pactar: a cambio de tu alma, pueden compartir parte de su riqueza (Granados 2019: 201, 202).
Así lo narró Marcos Salvador Diego Flores en la isla Yunuén:
Y no sé qué hay, también hay encanto ahí, porque una vez me soñé yo ahí: una piedra que está asina aquel lado, porque siempre iba yo a pescar o bañar o allá, me gustaba siempre ir allá. Y ahí estaba una piedra, y donde yo brincaba para dentro, para allá, y siempre ahí llegaba. Bueno, lo soñé que yo vine ya de allá, regresé y que ya la piedra estaba así… como tiene una cueva, así. Entonces yo, cuando venía nadando, nadando ahí, y llegué, llegué y me metí y ese, ese soñé. Y que subió así para ir allá a donde hay el muerto ese pues ya, Uaririro. Y ahí llegó yo, pero abajo, abajo, que ahí estaba dinero, que acá, que acá, cada esquina, cuatro esquinas tenía dinero, distintas. Yo le digo: «¡Ay!, mira aquí hay dinero, ¿y cómo lo voy a llevar? No, no sea que hay dueño».
Que así estaba pensando yo allí, y me salí y que sumió otra vez y ya salí. Eso me soñé, pero no sé si era encanto que está ahí, pos no sé, pero...
Las distintas concepciones que configuraban el cosmos p’urhepecha en la época prehispánica fueron recopiladas en las fuentes coloniales solo de forma muy limitada en comparación con las fuentes nahuas de la zona central de Mesoamérica.20 Sin embargo, con la finalidad de complementar, aclarar y nutrir nuestro estudio, tomaremos algunas fuentes prehispánicas y coloniales del Altiplano central, considerando, como se ha dicho, que el occidente de México forma parte de Mesoamérica.
Por su parte, en las fuentes coloniales del altiplano central encontramos una organización cosmológica similar a la p’urhepecha con tres espacios diferenciados: Chicnauhtopan, «los nueve que están sobre nosotros»; Tlacticpac, «en la superficie de la tierra» y Chicnauhmictlan, «los 9 lugares de la muerte». Este último guardaba a su vez dos espacios: el Mictlan, el mundo de los muertos, y el Tlalocan, el sitio de Tláloc, que, junto con el Mictlan, el Tonatiuh ichan y el Chichihualcuauhco, era uno de los destinos post mortem al que iban los ahogados o los que tenían algún tipo de enfermedad relacionada con agua. El Tlalocan era concebido como un cerro, el Monte Sagrado, y se le representaba gráficamente como tal. Aquí una de las descripciones de este espacio que figuran en la Historia General de las cosas de la Nueva España, consignada por fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI:
La otra parte donde decían que se iban las ánimas de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna; nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y jitomates, y frijoles verdes en vaina, y flores; y allí viven unos dioses que llaman Tlaloques, los cuales se parecen a los ministros de los ídolos que traen cabellos largos.
Y los que van allá son los que matan los rayos o se ahogan en el agua, y los leprosos, bubosos y sarnosos, gotosos e hidrópicos; y el día que se morían de las enfermedades contagiosas e incurables, no los quemaban sino enterraban los cuerpos de los dichos enfermos, y les ponían semillas de bledos en las quijadas, sobre el rostro; y más, poníanles color de azul en la frente, con papeles cortados, y más, en el colodrillo poníanlos otros papeles, y los vestían con papeles, y en la mano una vara.
Y así decían que en el paraíso terrenal que se llamaba Tlalocan había siempre jamás verdura y verano (De Sahagún 2006: 200).
Este peculiar sitio tenía un dueño, un guardián, Tláloc Tlamacazqui, considerado dios de la lluvia y de los fenómenos atmosféricos asociados a ella: las nubes, la neblina, el granizo, los truenos y las tempestades, entre otros. Junto con sus ayudantes, los tlaloques, enviaba las lluvias «para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos» (De Sahagún 2006: 30).
En un mito de origen prehispánico consignado en las fuentes virreinales, los mantenimientos de los seres humanos son extraídos de este sitio. Aquí la versión del Manuscrito de 1558, traducido por León Portilla.
Luego dijeron Oxomoco y Cipactónal:
–«Tan sólo si lanza un rayo Nánahuatl,
quedará abierto el Monte de nuestro sustento».
Entonces bajaron los tlaloques (dioses de la lluvia).
los tlaloques azules,
los tlaloques blancos,
los tlaloques amarillos,
los tlaloques rojos.
Nanáhuatl lanzó enseguida un rayo,
entonces tuvo lugar el robo
del maíz, nuestro sustento,
por parte de los tlaloques.
El maíz blanco, el obscuro, el amarillo,
el maíz rojo, los frijoles,
la chía, los bledos,
los bledos de pez,
nuestro sustento fueron robados para nosotros (León 1995: 475).21
Este relato es un mito importante que trata sobre cómo los dioses adquieren el alimento de los hombres. A partir de la acción adivinatoria de Oxomoco y Cipactónal, el rayo de Nanáhuatl (dios del sol) abre el cerro de las mieses de donde salen los mantenimientos. El Tlalocan o Tonacatepetl es el cerro que guarda el alimento; una enorme bodega o depósito que alberga las semillas-corazón de las plantas, animales y hombres que habitan el mundo.
Sabemos que en esta área cultural se desarrolló a lo largo de milenios una rica tradición oral. En ella los etnólogos han continuado recogiendo relatos, algunos de los cuales guardan considerable semejanza con otros transvasados al alfabeto a raíz de la invasión española. Tales relatos están a veces en estrecha relación con imágenes, bien sea de códices o integradas a otros soportes como los muros de templos y palacios, las piedras en que se tallaron figuras o se esculpieron efigies, vasos de cerámica, huesos, objetos de metal, para sólo recordar los principales.
Citaré dos ejemplos de estos relatos. Uno es el del redescubrimiento del maíz. La oralidad lo transmitió en varias lenguas mesoamericanas en el siglo XVI. Lo encontramos, por ejemplo, en náhuatl en la Leyenda de los Soles, donde se habla de Quetzalcóatl que, transformado en hormiga, se acercó al Tonacatépetl, Monte del sustento y, tras varios intentos, lo obtuvo (fol. 3). Textos muy parecidos –si bien con algunas variantes– han sido transcritos por etnólogos de tiempos modernos entre pueblos como los tzetzales, mixtecos, pipiles de El Salvador y otros (León 1997: 135-136).
En este sentido, es innegable el parecido de los relatos contemporáneos de origen p’urhepecha con este del siglo XVI. En ambos encontramos un motivo fundamental: el rayo y el trueno como agentes de apertura del gran cerro que contiene los alimentos. Para reforzar esta premisa, habría que enunciar más paralelos. Los testimonios mesoamericanos registrados en el Códice Florentino nos dicen que las aguas del mundo surgían también de este cerro-bodega. Era la diosa Chalchiuhtlicue, compañera de Tláloc, la encargada de enviar y manipular las aguas terrestres. Los ríos, lagunas, lagos, manantiales, ojos de agua, mares emanaban de los cerros porque Chalchiuhtlicue los soltaba de sus manos. Aquí la traducción que hace Alfredo López Austin del pasaje referido en el Códice Florentino:
La gente de aquí de Nueva España, los ancianos, decían: «Estos [ríos] vienen de allá, de allá parten hacia acá, de Tlalocan, porque son propiedad, porque salen de ella, de la diosa llamada Chalchihuitl Icue».
Y decían que los cerros tienen naturaleza oculta; sólo por encima son de tierra, son de piedra; pero son como ollas, como cajas están llenas de agua, que allá está. Si en algún momento se quisiera romper la pared del cerro, se cubriría el mundo de agua. Y por esta causa se daba el nombre de altépetl a los asentamientos humanos, se decía: «Este ‘agua-cerro’, este río, de allá mana, del interior del cerro, de allá surge. Chalchihuitl Icue lo suelta de sus manos» (López Austin 2011: 184-185).22
Como el Tlalocan, el Tzirate es concebido también como un cerro hueco, un contenedor lleno de agua. La morada de esos peces sagrados que Dios esconde para que los hombres no discutan. Así lo relató Reina Molinero en Tzintzuntzan:
Pues está hueco el Tzirate. Adentro es pura agua, por eso si nosotros no llegamos a éste, así, de que se reventara, que él reviente, pues nosotros nos acabamos, sí. Y luego decía mi apá cuando estaba sentadito ahí, por ahí, así decía:
–Mira nomás el Tzirate cómo está aventando las acúmaras pa arriba.
Porque aquí se daba una acúmara muy buena, pero se acabó, se acabó.
Cuando iba a llover, que pegaban truenos así, aventaba el Tzirate agua pa arriba y aventaba las acúmaras así pa arriba, sí pues, es pura agua ahí del Tzirate, de Tzirate es pura agua. Está en, abajo está lleno de agua. Tiene una entrada de buzos por la compuerta que tiene del lado de aquél. Sí nos platicaba mi apá mucho de que, dice:
–No de que cuando Tzirate se revienta, pues ahí nos acabamos porque nos ahogamos.
En Mesoamérica todo cerro era concebido como una proyección del Tlalocan: prominentes vientres rocosos que por dentro están huecos, contienen el agua y guardan el germen de la vida. Es el Monte Sagrado donde se encuentran las semillas-corazón de todas las criaturas: plantas, hombres, pueblos enteros, animales, peces. Alfredo López Austin explica al respecto lo siguiente:
los cerros son refugio de los dioses, su retiro en el mundo. En los cerros todo está lleno de peligrosas fuerzas invisibles [...]. Como refugio de los dioses, los montes han sido depósitos de futuras creaciones, recipientes de gérmenes de pueblos que esperan que su patrono produzca el parto y los conduzca hacia la luz y la historia [...]. La permanencia de los dioses en los cerros hace de los sitios agrestes lugares sagrados (López Austin 2006: 182-183).
A diferencia del relato del robo de los mantenimientos, en el relato de los pueblos p’urhepecha de la zona lacustre el alimento es sustituido por el pescado, que, como se mencionó unas líneas más arriba, es una constante en la mesa de las personas. En las islas, por ejemplo, las mujeres se trasladan al mercado de trueque de Pátzuaro para intercambiar el pescado por maíz, frijol, jitomate, aguacate, hongos y otras frutas y verduras diversas o tortillas, pues por falta de tierras no pueden sembrar; así, el pescado nunca falta en las casas. El Tzirate, como el Tlalocan, se abre por la acción destructora del rayo y el trueno para liberar las aguas y permitir que los peces, el alimento principal, llegue a los humanos. Siguiendo con la construcción de la visión del cerro y de la acúmara, habría que destacar que los peces salen del Tzirate y vuelven a él, al Monte Sagrado, de forma cíclica, como en el segundo relato citado en este artículo. Así, a la temporada de ausencia vendrá una importante época de abundancia. De este modo lo narró Demetria Guzmán, en la isla Pacanda:
–Las acúmaras no vienen todo el tiempo, las acúmaras se vienen ahí donde dicen la, la, este, el monte de Acúmara. Ahí de Chupícuaro,23 ahí arriba. Ahí, ahí están, ahí también es, este, acúmara, no también es ese así, sino es también ese traen esos, los reyes, decía mi abuelito. Y ellos se vienen así, porque hay también ese cauarito, como es que la nombraban pues ese él ya en castellano, pero nosotros lo llamábamos kauaros, esas zancas grandes que están ahí en el monte.24 Sí, y ya, este, ya decían:
–No pues esos, van a venir esos ahí.
Y vienen y ahí se llegan en Chupícuaro y ahí se van ya pa las islas, para ahí, para que agarren toda la gente, para que se aproveche toda la gente. Ei, así decía de ese de la acúmara también, sí. […]
Pos ya, sí, esa semana llegó ya, yo taba allá en la orilla y como nosotros vivíamos ya en la orilla allí, nos dieron ahí en la orilla, por eso nosotros hicimos una casita así nomás también, un chiquito, y ahí, y como era cuaresma pos no llovía, pues nada. Y este ahí tábamos ya nosotros, y yo estaba haciendo tortilla, y así pues ya, pa que vamos a almorzar y que dijo:
–Ya va... hazte ya el almuerzo porque va a venir ya los peones y vamos a ir ya a echar... Yo le dije ya:
–¿Y qué es esto?
Taba silencito la laguna. Yo le dije:
–¿Qué está ese que está oyendo tanto?
–¿Dónde?
–¿Pus ahí en la laguna?
Y brincaban, y se brincaban y se brincaban como se brinca el pescado, pues. Y ya más estaba viendo. Ya le dije:
–¡Ay, gracias a Dios si quiera que vas a venir! ¡Si quiera que eres, eras pez acúmara! Sí. Y ya llegó un señor y me dijo:
–¿Qué está escuchando, este, señora qué está escuchando ahí en la laguna?
Yo le dije:
–A lo mejor son pescados.
–Ah, sí, ¿verdad? Sí, es pescado. ¡Vamos don Delfino! ¡Vamos a echar la rede! Y vamos a, y vamos... Y les dije,
–Espérense un ratito dejen que se arrime otro poquito y luego se van.
Sí, sí, si crees o no lo crees, en una lance se agarraron una canoa, pero una canoa de acúmaras, pero acúmaras así de grandes. Y luego se iba un pescado grande, pero así, pero era también acúmara, y yo estaba así, pues en un piegra, estaba ahí parado viendo: «madre santísima». Y él apenas caminaba, así ¡bien bonito que se caminaba ese en la laguna! y se iba en, a la orilla, así, y se iba para allá y se iba, y más acúmaras chiquitas, más se estaban ya como, más se estaban dando, pues así ya como aquí se oyen en el charquito, cuando estaba haciendo el sol, aquí así se oye así.25 Y ya se fueron en un lance se agarraron una canoa.
–¿Y ora ya qué vamos a hacer? Nos dijo el señor:
–No, pues yo conozco unos, unos rescatones y yo lo voy a, yo lo voy a avisar allá, allá en, aquí en San Andrés26 y luego uno de allí de San Jerónimo,27 y orita van a venir.
Ellos vinieron con el caballo, así, con burros y allí juntaban. Ese tiempo no, no estaba caro las acúmaras, apenas nos pagaban como cincuenta peso el ciento, cincuenta peso el ciento nos pagaba el señor. «Cincuenta peso». Y llenaban los cajas así, los botes, y se iban con los burros, con los caballos. Se iban a llevar... No sé dónde llevaban ellos. Yo le decía a mi señor: «hijo de la...». Y era también dinero, porque no estaba caro nada todavía, todavía estaba barato. Como era ya pos ya un refresco diez pesos, quince pesos por no, también no echar mentira también.
Por eso no, sí es cierto pues que las acúmaras sí están bien peces, pues y, y nomás taba… cuando llegaba el lunes, taba lunes y martes, miércoles y ya, se descaseaba y ya se iba otra vez. Ya no regresaba, ya nomás quedaba su hueverita ahí en los orillas y hasta que limpiaba ese hueverita otra vez, entonces luego venía otra vez y así es que anda la acúmara.28
En esta versión vemos nuevamente como el pez proviene del cerro y baja a través de los kauaros, «esas zancas grandes que están ahí en el monte», que son veneros que abastecen de agua al lago. Aunque en el relato desaparecen el relámpago y el trueno, se nos revela que el pez sale en el lago de forma cíclica y que trae consigo la abundancia: «y llenaban loscajas así, los botes, y se iban con los burros, con los caballos». Uno de los elementos esenciales del pensamiento mítico mesoamericano es su carácter cíclico: a la abundancia seguirá un periodo de carencia tal como a la temporada de lluvias sigue la temporada de secas o tal como a la vida continúa la muerte. Son necesarios estos ciclos para perpetuar la existencia. El desgaste y la muerte son elementos indispensables para la revitalización de los dioses y de todos los seres. En los relatos sobre el Tzirate y la acúmara este pensamiento queda patente. Es necesaria la ausencia del pez para que pueda regenerarse, para que pueda volver al lago de forma abundante. Quisiera hacer notar que en este relato los peces tienen guardianes, a decir de Demetria: «ese traen esos, los reyes, decía mi abuelito», retomaré más adelante el tema.
Para trazar más paralelos entre el cerro p’urhepecha y el Monte Sagrado, debo señalar que el estado de abundancia del Tlalocan, contenedor de agua y semillas, se representaba en el mundo mesoamericano desde el Preclásico tardío29 como un cerro con grandes fauces, es decir una cueva, que guardaba en su interior un pez. López Austin y López Luján señalan al respecto lo siguiente:
Los remotos antecedentes de la arqueología mesoamericana ofrecen cuantiosos ejemplos de la montaña pirámide erigida simbólicamente como un gran contenedor de agua. Las construcciones artificiales o semiartificiales creaban réplicas de las cavidades sagradas de las cuevas, fuentes y túneles. Algunas pinturas y esculturas antiguas muestran, a través de la boca de la cueva del Monte Sagrado, el mundo acuático de riquezas subterráneas, a veces representado por un pez. Esta alusión a la riqueza de su interior tiene correspondencia entre los antiguos nahuas, que llamaban a la gran cueva Michatlauhco («En la barranca de los peces») o Chalchimmichhuacan («Lugar de los que tienen peces de piedra verde preciosa»). El último de estos nombres se menciona en un himno religioso cantado en la fiesta de atamalcualiztli, dedicada a los dioses de la lluvia:
Nació el dios Mazorca de Maíz en Tamoanchan,
donde se yergue el Árbol, 1 Flor.
Nació el Dios Mazorca de Maíz en el Lugar de la niebla,
donde son hechos los hombres,
en el lugar de los que tienen peces de piedra verde preciosa
(López Austin y López Luján 2009: 52).
Este pez prehispánico simboliza, como la acúmara entre los p’urhepecha, las riquezas que hay en el inframundo. De ahí que los peces sean parte de las ofrendas destinadas a los númenes del agua: es material arqueológico que figura de forma constante en las cuevas naturales y artificiales utilizadas como sitios de culto.
Abonando a nuestra propuesta de situar al Tzirate como el Monte Sagrado, los cerros, nos dicen las fuentes virreinales —además de contener toda el agua que circula sobre la superficie terrestre, tanto la de la lluvia como la de los ríos, manantiales, ojos de agua, lagos, lagunas y hasta la del mar— que están interconectados. El inframundo, el Tlalocan, es una red compleja. Aquí otro pasaje de la Historia General:
La mar entra por la tierra, por sus venas y caños, y anda por debajo de la tierra y de los montes; y por donde halla camino para salir fuera, allí mana, o por las raíces de los montes, o por los llanos de la tierra, y después muchos arroyos se juntan y juntos hacen los grandes ríos; y aunque el agua de la mar es salada, y el agua de los ríos dulce, pierde el amargor, o sal, colándose por la tierra, o por las piedras, y por la arena, y se hace dulce y buena de beber; de manera que los ríos grandes salen de la mar por secretas venas debajo de la tierra, y saliendo se hacen fuentes y ríos (De Sahagún 2006: 677).
En estas fuentes, los frailes misioneros nos hablan de cómo los cuerpos de agua se comunican unos con otros. En la subárea Occidente, por ejemplo, se dice que la laguna de Zirahuén se comunica con el lago de Pátzcuaro: «es tradición que por ocultos veneros se comunica con la laguna de Pátzcuaro» (Beaumont 1873: 73); «Es tradición de los naturales que se comunica con la de Pátzcuaro» (De la Rea 1882: 10); «Es tradición, que se comunica por las concavidades de la tierra con la gran laguna de Pátzcuaro» (De Escobar 2008: 38). Esa red subterránea, según la cosmovisión mesoamericana, comunica entre sí los distintos cuerpos de agua y estos, a su vez, se comunican con los cerros, tal como lo mencionaron Demetria Guzmán, en el relato anterior al referirse a los kauaros, o Rosalío Gabriel Díaz, en Santa Fe de la Laguna:
En el Tzirate hay muchas venas, hay muchas venas ahí donde… muchas venas y van allá, se cruzan por acá por Comanjá y allá se aparecen ojo de agua, en este, ¿cómo se dice? Ahí como a tres pueblitos en este, no recuerdo de esos nombres, pero ahí está en tres partes, bueno, puras aguas de ojo de agua. Y dicen que el ingeniero andaba viendo las venas, y vienen por acá por Tzirate grande, y dicen el ingeniero que es el cerro grande, y se están llevando para allá, y que vinieron como tres ingenieros antes, cuando se apareció el Cristo, y que vinieron los tres ingenieros, y se ven y le sacaron ese ingeniero como fotografías y que abajo es mucho agua, ese cerro tiene mucho agua, pero por eso dicen que esta laguna esa es la venera de allá del Tzirate.
El cerro entonces tiene venas de las que emana el agua, incluso el lago de Pátzcuaro tiene una vena que lo alimenta y posibilita su existencia, tal como lo dijo Rosalío: «por eso dicen que esta laguna esa es la venera de allá del Tzirate».
En los circuitos de tradición oral encontramos todavía más elementos que refuerzan la concepción del Tzirate como Monte Sagrado. No quiero dejar de citar otro relato importante, en él, Manuel Bautista, de Santa Fe de la Laguna, se encarga de develarnos que el cerro p’urhepecha es el sitio del que salen todas las criaturas del lago: mojarra, sardina, achoque, chuspata, patos, y aún más, el aire, la lluvia y otras riquezas. Este rico tesoro está custodiado, a decir de Manuel, por un guardián; así que, tiene dueño:
Hay muchos relatos donde dicen que según se han perdido muchas personas por allá. Y esas personas lo que cuentan no saben ni cómo llegaron en ese lugar ni cómo llegaron en ese sitio, pero, pus al momento de ver llegaron en ese sitio y vieron que había una cascada, en esa cascada había un lago chiquito en donde dicen que abundaban muchos peces de diferentes, ¿cómo se llama?, variedades, en donde ellos dicen que abundaba lo que es la mojarra y la sardina, pero nosotros en p’urhepecha le llamamos acúmara, y lo que es el achoque, y este, dicen que como es un lago chiquito, pus hay mucho tule, mucha chuspata y dicen que también hay una variedad de patos, pero eso no lo sé a ciencia cierta, eso lo he escuchado de personas que han ido para allá. Pero, o sea, es una cosa fantástica o no sé. En veces yo digo será cierto o no será cierto, no he sido privilegiado, pero he escuchado mucho esos relatos que sí hay. Entonces ahí dicen que hay un guardián que tiene guardados todos los secretos en cuanto enviar agua, en cuanto enviar aire, y en cuanto enviar peces y todo eso. También este, es mismo guardián esconde lo que es dinero, oro, pues, pero sí está muy, o sea, es muy fantástica pues esa parte.
La importancia de este relato es que ata todos los cabos. Aquí el Tzirate se dimensiona como un equivalente del Tlalocan en todos los sentidos: contiene a todas las criaturas y a los elementos pluviales. Su guardián envía el agua, el aire, los peces y «esconde» el dinero, el oro.
Para abonar un poco más el tema de los guardianes del cerro, habría que decir que los númenes prehispánicos eran concebidos como formas humanizadas de complejos naturales en los que coinciden espacios y eventos. La representación de Tláloc se reconoce en las fuentes prehispánicas y coloniales «en el acabado del rostro, cuyas características son el anillo azul o verde alrededor del ojo, la voluta azul sobre el labio superior y sus largos dientes de animal de rapiña» (Spranz 2006: 228). El dios se fisiona en otros seres, sus ayudantes, los tlaloques. Cada tlaloque provee de agua a un rumbo del universo. En las fuentes prehispánicas los tlaloques, como desdoblamientos del dios, usan los mismos atavíos, pero poseen un color distinto que alude al rumbo que habitan: norte, sur, este, oeste o al tipo de lluvia que se presenta. Tláloc es el cerro sagrado en su forma humana; sus fauces son una cueva que conducen al interior de la tierra. Es también la lluvia y el conjunto de fenómenos meteorológicos y geográficos asociados a ella, un complejo cultural típicamente mesoamericano: cerro, agua, nube, ruido de agua que cae. Es el momento pluvial fusionado con el espacio del que emerge la lluvia: el cerro y la cueva.
Para reforzar esta idea, presentó el siguiente pasaje de la Histoire du Mechique: «El dios Tláloc, que es dios de las aguas, hizo en este mismo año el agua y la lluvia; y porque dicen que las nubes salen de los montes, ellos llaman a todos los montes tlatoque, que quiere decir señores» (Tena 2011: 149). Esta deidad mesoamericana —como otras— es un paisaje asociado a un evento y proyectado de manera sintética en imágenes humanizadas: una aglutinación de elementos que adquiere una forma humana para poder establecer una comunicación más fluida con los hombres y las mujeres, una comunicación humana inteligible.
Estos montes se concebían como dioses mismos, no solamente como la morada de ellos. Es muy importante notar la diferencia entre esta concepción y la cristiana, según la cual dios es omnipresente y no limitado a ningún lugar. Como ya hemos mencionado, Tlaloc mismo se identificaba con una montaña. En cierto modo, Tlaloc no era más que el nombre genérico del grupo de los tlaloques […] (Broda 1971: 254-260).
Actualmente, este concepto ha sido reelaborado y se presenta en muchos materiales orales de los pueblos originarios donde se conoce con el nombre de dueño.
El Tzirate también tiene su proyección como un paisaje humanizado, un dueño, tal como el Tlalocan con Tláloc. El cerro purépecha es visto como un viejo, tal como lo describió María Inés Dimas Cárdenas, en Santa Fe de la Laguna: «Mi bisabuelo, para empezar, decía que ese cerro es el viejo, porque si se fijan tiene la cara de un viejito. Si se han fijado tiene su frente, tiene su nariz y tiene su barbilla. Es el viejo».30 A veces se le nombra como un rey, tal como lo mencionó Demetria Guzmán en la isla de Pacanda: «Ahí también es acúmara, también es así, también trae eso los reyes, decía mi abuelito».31 En otras ocasiones, es más bien una muchacha, como en el relato del señor Ayala documentado por Ángel Solórzano, en el pueblo de Quiroga: «Se contaba antes, que en el cerro existía una mujer vestida de guarita. Decían que había un tesoro arriba y que la gente subía a buscarlo, pero que al ir bajando se topaban con esa mujer y la tenían que bajar».32 O bien como un hombre pez, tal como lo contó en el segundo relato Gregorio Campos: «Allí encontraron como una cueva también: entraron y realmente ahí se les pareció, hora, como quien dice, el hombre pez, y les dijo: Aquí mejor ni le busquen, ni anden buscándole, porque si no, vayan».
El cerro Tzirate, como antaño, se presenta como dueño, como persona para comunicar, negociar, defender y reafirmar. Es una fuerza identitaria que se materializa para asegurar el territorio de los pueblos que lo configuran, es un guardián.
A partir de todas estas narrativas que construyen al Tzirate, podemos dimensionar su importancia para los pueblos de la zona lacustre michoacana. Es concebido como un paisaje numinoso, es el Monte Sagrado. Esta sacralidad se reafirma con el paso del tiempo en otras narrativas vinculadas a la religiosidad popular. Aquí el relato que figura en la entrevista hecha a Esteban Huacuz y a María Inés Dimas de Santa Fe de la Laguna:
Esteban: Ahí apareció la imagen del Señor de la exaltación, que unos dicen que, con toda la imagen, todo todo el cuerpo, otros dicen que pues la cruz.
María Inés: Yo creo que toda la imagen, porque si se fijan es una sola pieza, pues, que es a la vez cruz y a la vez su cuerpo. Es una sola pieza.
Esteban: Y entonces que, este, un señor sordomudo fue el que vio, pero él era de Tzintzuntzan y les avisó a la gente de allá, pero se vinieron con carreta jalado por bueyes, animales, pero eran animales, entonces traían esa carreta y a la figura, pero llegó un momento en que los animales ya no quisieron jalar, y aquí cerca ya de Santa Fe:
–¿Qué hacemos?
Estos animales ya no quieren, no, no no.
Por más que les hacían, por más que les jalaban, no, pus no:
–Esta imagen no quiere irse para allá, pues vamos aquí a Santa Fe.
María Inés: Ah, pero qué sucedió, es que se le rompió lo que es la corona, que se le rompió, por eso ese lugar se llama kanijpikuaro, caída de la corona.
Esteban: Entonces ya dijeron, no, pues vamos a llevarlo aquí a Santa Fe.
Y acá sí quisieron los animales, entonces por eso la fe que tenemos fue quedarse en la comunidad, y esa imagen, el Señor de la exaltación, es la fiesta más grande que se hace durante el 14 de septiembre, es la fiesta más grande.
El relato en su conjunto actualiza la actividad ritual en Santa Fe de la Laguna y en la zona, en general.33 El 14 de septiembre es la fiesta más importante del pueblo. Ese día la gente se traslada hasta la cima del cerro para celebrar una misa en honor al Señor de la Exaltación. Otros pueblos suben también al cerro en otras fechas para celebrar también misas en la parte más alta del Tzirate, coronada, como muchos cerros sagrados mesoamericanos, por una cruz.
Por todo lo expuesto anteriormente, considero que la caracterización cultural del monte sagrado p’urhepecha, el Tzirate se originó y se fijó durante un pasado remoto (en algún momento de la época prehispánica), pues aún podemos observar en los materiales orales documentados algunos atisbos y formas características de los paisajes y los dioses descritos en las fuentes virreinales como parte de la religión de los pueblos mesoamericanos: el rayo y el trueno abren el cerro Tzirate y permiten que emanen sus mieses para alimentar a los hombres y mujeres de la zona lacustre.
Los materiales orales tienen como telón de fondo una función social que, mientras esté vigente, permite su creación y recreación en un sitio. Si abundan los relatos sobre el Tzirate en la zona lacustre es porque la gente concibe el cerro como parte fundamental de su territorio. Sigue siendo un paisaje numinoso, humanizado, proveedor y cuidador de los pueblos. Los materiales expuestos hasta aquí muestran la relación que construyen los pueblos con su entorno y revelan también algunos elementos identitarios que definen su forma de ser, de estar, de vivir. Así pues, en el relato del Tzirate y la acúmara se actualiza una y otra vez un pensamiento de larga raigambre profundamente religioso. El cerro de las mieses, El viejo y el Monte Sagrado renuevan en los materiales orales su pacto con los pueblos tomando nuevas formas: el Señor de la Exaltación, por ejemplo. De no renovarse expresamente ese pacto, a partir de diversas manifestaciones rituales como la fiesta del Señor de la Exaltación, «quién sabe lo que nos espere», Así lo señaló Vicente León Ramos en Santa Fe de la Laguna:
Si el agua lo suelta el Tzirate, pues nos puede llevarnos todo, ¿verdad? Pero, no sé pues eso dicen que, que un día puede haber eso también: que se va a abrir y se viene la venida de agua y, y: «¡vámonos Santa Fe!» ¿verdad? Pero no sé para cuál tiempo fue eso o, o no sé pero… Eso está dicho, pues, que también eso va a pasar, pero no sé, pero pa cuándo, no sé. Pero de que agua sí hay, bastante.
BEAUMONT, Pablo (1873): Crónica de la provincia de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo de Michoacán de la regular observancia de N.P.S. Francisco / por Fray Pablo de la Purísima Concepción Beaumont. Biblioteca histórica de la Iberia, Tomos XV-XVIII. México: Imprenta de Ignacio Escalante.
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1. Nombre: Demetria Antonio Guzmán
Edad: 72 años
Oficio: ama de casa, vendedora de pescado
Lugar de la entrevista: isla de Pacanda
Fecha: 6/09/2015
2. Nombre: Manuel Bautista Medina
Edad: 30 años
Oficio: locutor de radio, secretario de bienes comunales y maestro
Lugar: Santa Fe de la Laguna
Fecha: 28/11/2017
3. Nombre: Gregorio Campos
Edad: 88 años
Oficio: pescador
Lugar de la entrevista: isla de Pacanda
Fecha: 29/08/2015
4. Nombre: Marcos Salvador Diego Flores
Edad: 86 años
Oficio: pescador y agricultor
Lugar de la entrevista: isla Yunuén
Fecha: 26/06/ 2016
5. Nombre: María Inés Dimas
Edad: 71 años
Oficio: cocinera tradicional
Lugar de la entrevista: Santa Fe de la Laguna
Fecha: 29/10/2017
6. Nombre: Rosalío Gabriel Díaz
Edad: no documentado
Oficio: agricultor
Lugar de la entrevista: Santa Fe de la Laguna
Fecha: 28/10/2017
7. Nombre: María Ángela Hernández Martínez
Edad: no documentado
Oficio: especialista ritual
Lugar de la entrevista: Xochimilco, Veracruz
Fecha: 17/10/2017
8. Nombre: Esteban Huacuz
Edad: 71 años
Oficio: comerciante
Lugar de la entrevista: Santa Fe de la Laguna
Fecha: 29/10/2017
9. Vicente León Ramos
Edad: no documentado
Oficio: no documentado
Lugar de la entrevista: Santa Fe de la Laguna
10. Nombre: Reina Molinero
Edad: 70 años
Oficio: comerciante
Lugar de la entrevista: Tzintzuntzan
Fecha: 23/01/2017
11. Nombre: Fidel Ramos Jerónimo
Edad: no documentado
Oficio: agricultor
Lugar de la entrevista: Tzintzuntzan
Fecha: 24/01/2017
_______________________________
1 Proyecto de Ciencia Básica CONACYT 0240864: «Materiales orales de la zona lacustre michoacana: documentación, procesamiento y análisis», coordinado por Santiago Cortés y Berenice Granados. De este proyecto derivaron una serie de protocolos metodológicos como «Protocolo de documentación de materiales orales» y «Protocolo de procesamiento de materiales orales»; los corpus de relatos El lago era mujer... Relatos de Zirahuén (2015), Que el santo tenga perfume y la vela no se apague (2017), El rey que se ahogó. Relatos de Yunuén (2017); los libros para las infancias La jícara y la sirena (2013), Las islas: trece historias, trece encantos (2018); el estudio El encanto de la sirena: artes verbales y cosmovisión en torno al lago de Zirahuén (2019); los álbumes discográficos Uéntikumani sani. Pirekuas (2017) e Irhisï. Música tradicional de nuestro pueblo (2017); y, finalmente, los materiales videográficos Mirinkua (2016) y La jícara y la sirena (2016). Todos estos resultados de investigación se pueden consultar en la página web <https://www.lanmo.unam.mx>, en la sección ‘Publicaciones’.
2 «Temas que son importantes para una comunidad y que se repiten de forma sistemática» (Granados 2019: 33).
3 Por materiales orales me refiero a «todas aquellas producciones de discurso que se generan en actos comunicativos en los que están presentes el emisor y el receptor en un mismo tiempo-espacio y que tienen como soporte la voz, el cuerpo y la memoria. El significado de estos materiales de naturaleza efímera depende no solo de las emisiones lingüísticas, sino también de la interacción entre lo verbal, lo no verbal y los factores contextuales» (Cortés y Granados 2019b: 36).
4 La documentación de los materiales que aquí se presentan se llevó a cabo en las comunidades ribereñas Ihuatzio, Santa Fe de la Laguna, Tzintzuntzan y en las islas Yunuén, Pacanda y Tecuena. Al final de este artículo, en el apartado ‘Entrevistas’ pueden consultarse los datos de los interlocutores aquí citados: nombre, edad, oficio, fecha de la entrevista y fecha de la grabación.
5 Todas las entrevistas están disponibles para su consulta en el Repositorio Nacional de Materiales Orales, en el enlace https://lanmo.unam.mx/repositorionacional/ [Fecha de acceso: 14/09/2021].
6 Morelia está situada al centro occidente de México. Fue fundada en el siglo XVI y cuenta con 784.776 habitantes según el censo 2015 de INEGI. Se localiza a unos 59 kilómetros del lago de Pátzcuaro.
7 Se refiere a la comunidad de Santa Fe de la Laguna, localidad ubicada en la ribera del lago de Pátzcuaro al noreste. Cuenta con 4.879 habitantes según el censo de INEGI 2010.
8 Comunicación personal con Ismael García Marcelino, hablante y estudioso del p’urhepecha..
9 «El concepto de territorio refiere a diversos aspectos (naturales y sociales), a la compleja relación entre ellos y a la dinámica transversal del poder presente en las acciones de la sociedad» (Shmite y Nin 2006, 11: 133).
10 «El paisaje, comprendido como producto cultural, aparece como un elemento histórico fruto de una secuencia temporal, en la que cada grupo o comunidad se vincula al medio a través de formas específicas de adaptación» (Ortega 2000: 288).
11 El Corpus Christi y el Día de muertos son dos fechas en las que destaca el uso de la flora y fauna locales.
12 «El análisis combinado de los indicadores paleoambientales de sedimentos lacustres permiten identificar por una parte la variabilidad climática y por otra, los cambios asociados a la perturbación por la actividad humana de los últimos miles de años abriendo la posibilidad de comprender la estrecha relación que hay entre el desarrollo de las culturas y la evolución del ambiente» (Lozano et al. 2010: 89).
13 «No, yo, crecí, desde chiquito empezé a pescar. Y lo que yo quería yo lo hacía con chinchorro, sí, cosas. No, después ponía el cheremikua y con ese también». La traducción es de Citlali Baltazar.
14 El achoque, aunque no se trata propiamente de un pez, es una especie que se consume. «El ajolote Ambystoma dumerilii, llamado comúnmente Achoque (Achójki) por el pueblo purépecha, es un anfibio endémico del lago de Pátzcuaro, pertenece a la Familia Ambystomatidae. Desde de tiempos prehispánicos en la región de Pátzcuaro, el achoque se ha utilizado como fuente de alimento por tener un alto contenido energético y como medicina alternativa para tratamientos de enfermedades respiratorias. El achoque permanece todo su ciclo de vida en estadio larvario (neotenia), retiene las branquias y otras estructuras larvarias aun cuando madura sexualmente y se reproduce» (Instituto Nacional de Pesca 2022).
15 Se trata de un dicho común entre la gente de Zirahuén. Juan Melchor, habitante del sitio, me mostró, pez en mano, la figura en la frente del animal que consideran que es la Virgen.
16 Fue el mismo profesor estudioso del p’urhepecha, Ismael García Marcelino, quien me narró por primera vez el relato en el año 2012. Después escuché el relato ya en trabajo de campo: primero en las islas Yunuén, Pacanda y Tecuena. Luego en los pueblos ribereños: Tzintzuntzan y Santa Fe de la Laguna.
17 Tzintzuntzan fue una de las tres ciudades principales de la zona lacustre p’urhepecha durante la época prehispánica. Ahí se encontraba la capital administrativa del señorío. Actualmente, es un poblado que da nombre al municipio de 13.556 habitantes según el Censo INEGI 2010.
18 Se trata de una de las islas del lago de Pátzcuaro. Pertenece al municipio de Tzintzuntzan y cuenta con 412 habitantes, según el Censo INEGI 2010.
19 Ucasanástacua (El Espíritu) es una comunidad del municipio de Tzintzuntzan que se encuentra en la ribera del lago de Pátzcuaro, al este de Pacanda, y cuenta con 252 habitantes según el censo INEGI 2010.
20 El extravío del libro primero de la Relación de Michoacán sobre los dioses tarascos y sus fiestas constituye una pérdida lamentable para el estudio de la mitología y la cosmovisión de la cultura p’urhepecha. Con todo, este documento colonial es la fuente principal para realizar investigaciones sobre el tema. La Relación sobre la residencia de Michoacán (Pátzcuaro) hecha por el padre Francisco Ramírez en 1585 y la Relación de Tiripetío en 1580 de don Pedro Montes de Ocason son también dos piezas fundamentales para entender cómo era percibido el universo por los pueblos de la zona lacustre michoacana.
21 Otra vez dijeron: «¿Qué comerán, oh dioses? Ya todos buscan el alimento». Luego fué [sic] la hormiga a coger el maíz desgranado dentro del Tonacatépetl (cerro de las mieses). Encontró Quetzalcóatl a la hormiga y le dijo: «Dime adónde fuiste a cogerlo». Muchas veces le pregunta, pero no quiere decirlo. Luego le dice que allá (señalando el lugar) y la acompañó. Quetzalcóhuatl se volvió hormiga negra, la acompañó, entraron y lo acarrearon ambos: estoes, Quetzalcóhuatl acompañó a la hormiga colorada hasta el depósito, arregló el maíz y en seguida lo llevó a Tamoanchan. Lo mascaron los dioses y lo pusieron en nuestra boca para robustecernos. Después dijeron: «¿Qué haremos del Tonacatépetl? Fue solo Quetzalcóhuatl, lo ató con cordeles y lo quiso llevar a cuestas, pero no lo alzó». A continuación, Oxomoco echó suertes con maíz; también agoró Cipactónal, la mujer de Oxomoco. Porque Cipactónal es mujer. Luego dijeron Oxomoco y Cipactónla que solamente Nanáhuatl (el buboso desgranaría a palos el Tonacatépetl, porque lo habían adivinado. Se apercibió a los tlaloque (dioses de la lluvia): los tlaloques azules, los tlaloques blancos, los tlaloque amarillos y los tlaloque rojojs. Nanáhuatl desgranó el maíz a palos. Luego es arrebatado por los tlaloques el alimento: el blanco, el negro, el amarillo, el maíz colorado, el frijol, los bledos, la chía, el michihuauhtli (especie de bledos): todo el alimento fué [sic] arrebatado (Velázquez 2019: 121).
22 Léase el siguiente pasaje narrado por María Ángela Hernández Martínez. Se trata de la descripción del sitio donde vive la sirena en la huasteca veracruzana: «De que hay sirenas, sí, sí hay sirenas, solamente que hay en un solo lugar, ese lugar llamado casa de piedra, porque ellos también tienen casa, porque dice tepetl. Porque según dicen que este Postectli algún día, este, se va a destruir, ahí vive una sirena adentro de ese cerro, porque dice si algún día se va a destruir, nos vamos a perder de aguas, nos va a perder, ajá. Y ese lugar es muy profundo, redondo, ahí vive la sirena. Algún día se va a destruir esa casa de piedra y pueden salir».
23 La localidad de Chupícuaro se ubica en la rivera del lago de Pátzcuaro, al noroeste de la Pacanda. Pertenece al municipio de Quiroga. Cuenta con diecisiete habitantes de acuerdo con el censo 2010 de INEGI.
24 Se refiere a los veneros de agua que alimentan el lago de Pátzcuaro.
25 Imita con sus manos el movimiento de las acúmaras.
26 San Andrés Tziróndaro está situado en el municipio de Quiroga. Tiene 2 302 habitantes, según el censo INEGI 2010. Se ubica al suroeste de Pacanda.
27 El pueblo San Jerónimo Purenchécuaro forma parte del municipio de Quiroga. Cuenta con 1798 habitantes, según el censo INEGI 2010.
28 Agrega sobre las especies introducidas: «La acúmara no es como pescado huiripo, como pescado blanco, pescado blanco también es como huiripo: anda todo tiempo, anda así [mjm]. Pero ya ora yo creo que ya ni hay, porque cuando había mi esposo iba a pescar y siempre agarraba así, pescado blancos así, o así, o así de chiquititos y así traía [mjm]. Y ora ya cuando va, pos, casi ya puro de ese ya... más ya que echaron este ya, carpa ya [mjm] ya se... Y él, la carpa es que está comiendo muchos pescados [mjm] ya comió, ya se acabó la, este, ¿cómo se llama ese? la achoque, [mh también] la huiripo y la acúmara y todo el pescado come ese. Yo digo «ese es como puerco, no tiene llenadera» les dije. Y así estamos».
29 En el Preclásico tardío en varios monumentos, entre ellos las Estelas 1, 22, 67 de Izapa y el Edificio H-Sub de Uaxactún (López Austin y López Luján 2009: 52).
30 Para obtener más información sobre El viejo en la tradición oral de la zona lacustre (Cortés Hernández 2020).
31 En la zona hay también otro relato recurrente, se dice que del cuerpo de un rey que se ahogó cuando llegaron los españoles surgieron las islas del lago de Pátzcuaro. Para más información léase El rey que se ahogó. Relatos de Yunuén (Cortés y Granados 2019a).
32 Ángel Solórzano presentó este relato en el Coloquio de Trabajos finales de Literatura Prehispánica. Él es egresado de la licenciatura en Literatura Intercultural de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, unidad Morelia. El relato fue documentado en Quiroga en 2015.
33 Comparte, junto con la fiesta de san Nicolás, santo patrono del pueblo, el 7 de diciembre, la importancia en el calendario ritual de Santa Fe de la Laguna.